Testimonio: Delonda Wood García

Delonda Wood Garcia | Testimonio

 

Delonda García

Yo me bauticé en la iglesia de Orlando, hace 21 años. Durante los primeros 3 años de mi vida como cristiana, estuve en el ministerio de los solteros y luego fui a la de Artes, Música y Deportes. Luego en el cuarto año, me casé con un hermano que Dios había escogido para mí.

Esta es la parte de mi vida que quiero compartir con ustedes.

Primero, quiero compartirles los versículos de la Biblia que han sido el lema desde mi matrimonio  hasta el día de hoy:

Proverbios 3:5-6 Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.  Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.

Les comparto un poco de mi esposo, Edwin:

El nació aquí en Colombia y se bautizó el mismo año que yo. Un hombre muy determinado. Si él quería algo, lo conseguía. Así me consiguió a mí. El día que él e bautizó le dijo a un amigo que yo iba a ser su esposa. Después de 4 años y 2 días, nos casamos.

Al principio, su amor por mí me asustaba porque era muy intenso. Yo no sabía cómo aceptar un amor así.

Él le deleitaba hablar con los demás sobre mi manera de cantar, mi habilidad de tocar instrumentos musicales, mi relación con Dios y mi carrera en la producción de Películas y video. El era un hombre muy apasionado, quien siempre quería protegerme y cuidarme.

En sus ojos, yo era todo para él.

Con todo esto, yo aprendí a amarlo y a aceptar el amor que Dios me estaba dando por medio de un hombre físico para mostrarme cuan preciosa yo soy para Dios.

Por supuesto también tenia sus fallas. La más grande de ellas era su cabeza dura, siempre quería las cosas a su manera. 2 meses después que nos casamos, le hicieron un examen de sangre para comprar un seguro de vida. A Edwin lo rechazaron porque tenia un alto nivel de enzimas. Le hicieron más exámenes, y un mes más tarde le encontraron Hepatitis C.

Recuerdo que Edwin me dijo en el carro rumbo a casa “Si hubiera sabido que tenía esta enfermedad, nunca me hubiera casado contigo” Yo solo le dije “Bueno, por eso Dios no te lo dejó descubrir sino hasta ahora porque Él sabía que nos necesitábamos el uno al otro” Esta es una de las primeras veces que necesita acogerme a lo que dice Proverbios 3:5-6

Edwin estaba determinado a combatir la enfermedad. Él empezó su tratamiento, una forma de quimioterapia que se podía hacer con pastillas e inyecciones. El tratamiento duró 6 meses y no funcionó. Así que el doctor decidió tratar otros 6 meses. Durante este tiempo, la mamá de Edwin, Bertha Reyes,  quien se había convertido al cristianismo en Bogotá, vino a vivir con nosotros por sus propias dificultades con la salud

Al mismo tiempo, Edwin y yo empezamos nuestro propio negocio dando servicio y reparando máquinas de gimnasios. Yo estaba a cargo de la oficina, al mismo tiempo que estaba trabajando tiempo completo en un canal local de televisión.  Todo esto pasó durante los primeros 2 años de nuestro matrimonio. Una vez me acuerdo de estar leyendo el versículo en la Biblia que dice que “Dios no nos da más de lo que podemos soportar”, y yo pensé “Que impactante Dios, tu piensas que yo soy más fuerte de lo que yo pensé que era, si puedo lidiar con todo esto en mi vida”

Este fue el inicio de ver que yo necesitaba confiar más en las palabras de Dios para fortalecerme. Después del segundo tratamiento, todavía este no funcionó. Edwin empezó a perder la esperanza, y Satanás empezó a aprovecharse de la situación.

A causa de su tratamiento, Edwin empezó a perder las fuerzas y dejamos de servir como pareja en la iglesia. Yo servía, pero no podía hacerlo como quería porque causaba bastante conflicto con mi esposo. Entre más estudié las Escrituras, Dios empezó a abrirme los ojos para ver que yo necesitaba depender de Él totalmente, para encontrar mi gozo en Dios. Yo estaba midiendo mi felicidad con Dios con cuánto yo estaba sirviendo en la iglesia, y no aceptando las dificultades que Dios estaba poniendo en mi vida durante este tiempo.

Al mismo tiempo, la mamá de Edwin tuvo que regresarse a Colombia, porque no pudo conseguir su residencia en EEUU.

Tres años después, Dios me ayudó en otro nivel de mi confianza en Él. Mi trabajo en el canal terminó después de 12 años, así que decidí trabajar tiempo completo en nuestra empresa. Aquí es donde empecé a pensar más en lo que dice en Mateo 6:31-32   Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?”  Los paganos andan tras todas estas cosas, pero el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan.

2 años después, Edwin supo que la situación de vivienda de su mamá no era la mejor aquí en Bogotá. El tomó la decisión de llevarla para Santa Marta y pedirle a alguien que se quedara con ella. Durante este tiempo, a ella le diagnosticaron cáncer del estómago, y falleció un año más tarde. Ese año de enfermedad, Edwin decidió que nos mudáramos a Santa Marta para cuidar a su mamá, esta idea me produjo mucho miedo.

Primero que todo, yo no hablaba español. Segundo, yo no tendría una amiga cercana con quien pudiera expresarle mis luchas por la barrera del idioma. Y por último, yo no sabía cómo lograríamos manejar nuestro negocio desde el exterior.

Empecé a rogarle a Dios que me mostrara lo que Él quería. Dios me llevó a los versículos acerca de mis votos y mi llamado a honrarlos. No solo mi voto con Dios, sino también con Edwin. Y aunque no le molestaba a Edwin que no estaríamos cerca a personas que tuvieran las mismas creencias que nosotros, no era una razón para romper mis votos con mi esposo. Después que empecé a pensar de esta manera, Dios abrió las puertas para que pudiéramos organizar el negocio desde Santa Marta, así que nos mudamos allá dos meses después.

Vivir en Santa Marta fue para mí toda una aventura física y espiritual. Físicamente, poder ver la hermosura de la creación de Dios fue espectacular. El apartamento en el que vivíamos tenía el mar en frente, donde vi los atardeceres más impactantes, y por el otro lado pude divisar los amaneceres más hermosos sobre las montañas. También, el clima y la comida de ese lugar me ayudaron con mis dificultades de salud, en especial la Fibromialgia.

Espiritualmente, me llevó a otro nivel. En Filipenses 2:12 “ Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no solo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor

Esta se convirtió en la frase de mi vida. Yo hacía un servicio sola cada domingo, escuchando por internet predicaciones de la iglesia en EEUU. Por correo electrónico, le escribía a muchas amigas acerca de mis luchas y pensamientos de mi tiempo con Dios. Ya para este tiempo, Edwin estaba viviendo su vida de la manera que él quería.

Yo estoy feliz de haber vivido ahí, pues le dio la oportunidad a Edwin de pasar el último año de vida de su mamá antes que falleciera. Pronto después que falleció, Dios puso a Flavio y a Renee en mi vida. Ellos tuvieron la oportunidad de pasar una semana con nosotros en Santa Marta.

Renee y yo pudimos construir una gran amistad, la cual todavía aprecio. Y Flavio es uno de los hombres de quien Edwin sintió tanto amor y a quien respetaba.

Yo me acuerdo compartiendo con Renee esa semana acerca de Romanos 8:37-39,  Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor.

De cómo me daba consuelo y fuerza de vivir cada día sabiendo que nada podría quitarme el amor de Dios para mí. Dios me ha bendecido con un gran hermano y una hermana en Cristo quienes me han ayudado mucho durante mi tiempo en Colombia y hasta el día de hoy.

En Enero del cuarto año en Santa Marta, yo empecé a cansarme y a desear mudarme de regreso a mi país. Edwin tampoco estaba feliz, pero no deseaba volver a los EEUU. Así que empecé a clamarle a Dios sobre esto. Yo oraba, “bueno Dios, tu sabes que Edwin necesita pensar que él está en control de nuestra decisión, así que tienes que cerrarle las puertas donde no quieres que vayamos y abrir las puertas donde quieres que sí vayamos”

No mucho tiempo después, Edwin había decidido que mudarnos a Rio de Janeiro era nuestra próxima parada, para poder conocer Brazíl y poder estar en el Mundial del 2014. Así que, en noviembre de ese año, estábamos en un avión rumbo allá. Yo estaba tan emocionada. En Rio había un grupo de cristianos, con mujeres que hablaban inglés, con quienes podría compartir mi corazón cara a cara. También, ese idioma fue mucho más fácil para mí que el español. Y aunque Pudimos desarrollar varias amistades durante este tiempo, Edwin no estaba feliz. Así que después de 6 meses, nos mudamos a Cabo Frío, una ciudad como a 2 horas de Rio.

Así que, una vez más, yo no tenía amigas espirituales cercanas, aunque si pude viajar una vez al mes a la reunión de la iglesia en Rio, y los otros domingos continué con los servicios sola por internet. Yo disfruté mucho Brasil; es un sitio muy hermoso, y la gente en general es muy linda. Y aunque no me incomodó vivir ahí, mi corazón sufría por mi esposo, por ver cuán alejado estaba de Dios. Yo oraba “Dios, has lo que tengas que hacer para que el corazón de Edwin se vuelva a ti”, y luego le agregaba, “pero solo que yo pueda soportar”. También oraba para Edwin pudiera ver más a Dios en mi vida. Cuando empecé a hacer esto, mi amor por Edwin creció mucho más. A través de los años, yo había empezado a perder la esperanza en él. Al orar así, me ayudó a soñar más acerca de nuestro matrimonio y nuestra vida juntos.

Yo empecé a pensar, que podríamos empezar una charla bíblica de creyentes en Cristo en esa región del país. Pero Dios decidió que él tenía otros planes. En Mayo de ese año, Edwin y yo fuimos a los EEUU por una cirugía menor que el tenía programada. Todo iba bien, excepto los niveles del hígado por su Hepatitis C. En ese momento, el médico nos comentó de un nuevo tratamiento para curar la Hepatitis que él tenía. Cuando lo sugirió, vi esperanza en los ojos de Edwin como no había visto por mucho tiempo. Así que fuimos al especialista. Antes que pudiéramos empezar, necesitaba exámenes de sangre especializados. Así que los hicimos y regresamos a Brasil. 2 semanas después, recibimos los resultados del laboratorio y habían encontrado células cancerígenas y se requería de más exámenes. Así que empacamos todos y nos mudamos de regreso a EEUU. Un mes después, Edwin se encontraba con un cáncer de colon en estado 3, con una cirrosis severa del hígado.

Este tiempo para mí, se convirtió en el más difícil de mi vida. Las exigencias físicas eran altísimas, teniendo que estar al tanto de las citas médicas, citas de radicación y quimioterapia. Tuvo 4 cirugías durante este tiempo, y yo me convertí en su cuidadora, al mismo tiempo de estar a cargo de nuestro negocio. A causa de su cirrosis, su estado mental empezó a empeorarse. Tuve que luchar espiritualmente, pues aunque tenía pensamientos negativos hacia Edwin, su necesidad me llamaba a un amor más incondicional que nunca. Si no hubiera sido por estar diariamente en la palabra de Dios,  no lo habría logrado.

Escrituras como Hebreos 12:4  «Pues ustedes aún no han tenido que llegar hasta la muerte en su lucha contra el pecado» O aún Mateo 22:39  «Pero hay un segundo mandamiento, parecido a éste; dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.»

Versículos así me hicieron pensar “¿Qué tal que fuera yo la que estuviera pasando por algo así? ¿Cómo me gustaría que me trataran? Yo vi que Dios me estaba llamando a un gran nivel de compasión por mi esposo.

Iniciando ese año, el estado mental de Edwin se deterioró mucho. Él decidió mudarse de la casa, a la bodega que teníamos del negocio. Me sacó de la lista de contactos médicos por sus demandas irreales. En pocas palabras, empezó a pedirme que tenía que escoger entre él o Dios. Estas 3 semanas fueron llenas de leer las promesas de Dios para mí, como corre la carrera que tienes frente a ti, y fija tu mirada en Jesús. Yo le clamé a Dios, que se hiciera su voluntad en estas pruebas que yo estaba enfrentando, y que Edwin pudiera encontrar paz con Dios.

Y como siempre, yo encontré paz y consuelo en mi caminar con Jesús a través del ánimo de los hermanos y hermanas de la iglesia, amigos y muchos pequeños besos de Dios durante el día, como una canción en la radio o en la creación de Dios a mi alrededor.

Finalmente, después de 3 semanas, Edwin regresó a casa. Ese siguiente lunes, llevamos a Edwin a la clínica porque sus toxinas estaban tan elevadas que no sabía quien era. El mejoró por varios días, y yo se que Dios hizo esto por el bien de los dos. Pudimos en ese tiempo hablar, y él pudo decirme que no hubiera podido amar otra mujer como me había amado a mí. Y Dios me dio la oportunidad de recordarle cuanto lo amaba yo, y dejarle saber que no me iría a ningún lugar

Al final del fin de semana, sus toxinas empezaron a subirse otra vez y el miércoles 4 de mayo, del 2015, a las 2:30 de la mañana, falleció. Solo yo estaba con él en ese momento, y se que Dios lo hizo así pues era lo que Edwin quería.

A través de todos estos eventos en mi vida como seguidora de Jesús, y aún hoy en día, he aprendido que cuando yo rindo todos los planes a Dios para vida, le damos una oportunidad a Dios de mostrarnos su increíble amor y grandes planes para nosotros. Dios me dio a Edwin para que yo pudiera ver su amor por mi por este mundo. Me llevó  a que me acercara a Dios y viviera una vida que yo nunca hubiera imaginado, ni en un millón de años. Y Él también hizo lo mismo por Edwin. El le dio a alguien que lo amara hasta el final, a pesar de sus faltas.

Dios puede mostrar su amor por medio de otros. Si en verdad lo piensas, puedes encontrar a alguien, o a varios, que te pueden animar in momentos de necesidad, y más importante aún, la Palabra de Dios, que es el apoyo para cada día de la vida que vivamos.

Me gustaría cerrar con el Salmo 46.

 

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza,
nuestra ayuda segura en momentos de angustia.
 Por eso, no temeremos
aunque se desmorone la tierra
y las montañas se hundan en el fondo del mar;
aunque rujan y se encrespen sus aguas,
y ante su furia retiemblen los montes. Selah

Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios,
la santa habitación del Altísimo.
Dios está en ella, la ciudad no caerá;
al rayar el alba Dios le brindará su ayuda.

 «Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.
¡Yo seré exaltado entre las naciones!
¡Yo seré enaltecido en la tierra!»

 El Señor Todopoderoso está con nosotros;
nuestro refugio es el Dios de Jacob.

 

Yo leí esto después que oré pidiendo que podría compartir hoy. Nuestro Dios es tan grande y poderoso. El quiere usarnos y ayudarnos a crecer, a convertirnos en los luchadores poderosos de Dios. Solo necesitamos estar quietos y tranquilos y saber que Él es Dios. Ríndete y aférrate fuertemente de su mano.

Cuando la paz como un río, a mi camino llegue,

Cuando los dolores como las olas del mar rujan

Sea cual sea mi destino, me has enseñado a decir

Está bien, está bien, con mi alma

Está bien

Con mi alma

Está bien, está bien con mi alma

 

Comparte esa noticia con otros

Deja el primer comentario

×